Hacia una gestión estratégica de la extensión universitaria
En la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), institución de Educación Superior privada con acreditación Avanzada, conviven, de manera natural y valiosa, distintas formas de extensión. Desde las escuelas surgen orgánicamente charlas, seminarios y encuentros desde la propia disciplina, que permiten proyectar el conocimiento académico hacia el entorno. Paralelamente, se desarrollan actividades de extensión cultural tales como exposiciones, obras de teatro y otras instancias artísticas y de difusión científica, que aportan a la vida cultural de la comunidad y fortalecen el vínculo entre la universidad y el territorio.
Estas acciones no solo son legítimas, sino que forman parte de la misión universitaria. Sin embargo, los actuales criterios y estándares de acreditación de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) nos plantean un desafío relevante: ya no basta con realizar actividades de extensión; es necesario demostrar su contribución efectiva, tanto al entorno como a la propia institución y sus procesos formativos.
Desde la perspectiva de los nuevos criterios y estándares, la CNA espera que las instituciones puedan responder con claridad a preguntas clave, entre otras: ¿Cuál es la contribución de los resultados de Vinculación con el Medio (VCM), tanto al medio externo como al quehacer de la propia institución? ¿De qué manera la Universidad promueve que las acciones de VCM contribuyan a la formación del estudiantado en todos los niveles? Sin estas respuestas, la extensión unidireccional corre el riesgo de quedar reducida a un registro de actividades, valioso, pero insuficiente para demostrar calidad.
El desafío fue entonces, transitar del conteo de acciones a la evidencia de contribución o impacto. Lo anterior, implicó un acompañamiento a las escuelas y unidades para que las actividades de extensión disciplinar adquirieran trazabilidad, indicadores y sentido bidireccional, sin perder identidad. Las actividades disciplinares o de extensión académica que nacen desde el quehacer propio de las escuelas ya no solo se justifican por su inherente pertinencia académica, sino que evidencian su efecto en la formación de los estudiantes, ya sea a través de su aporte al perfil de egreso, mediante la tributación a determinados resultados de aprendizaje, la retroalimentación al plan de estudios, la modificación de programas de asignaturas o al afianzar vínculos con organizaciones externas.
En el caso de la extensión cultural, el desafío es similar, aunque con particularidades propias. Las exposiciones, obras de teatro, ciclos artísticos y actividades de divulgación científica, no solo enriquecen la vida cultural del territorio, sino que constituyen espacios privilegiados de diálogo de enriquecimiento mutuo entre la Universidad y la comunidad. Además de entregar a los jóvenes herramientas importantes en su formación integral, convirtiéndose en un componente clave, ya que amplía sus referentes críticos, estéticos y sociales; fortalece competencias transversales como la reflexión, la creatividad y la sensibilidad frente a su entorno. Asimismo, les permite complementar y vincular su formación académica con realidades culturales diversas, favorecen una comprensión más compleja y comprometida con el rol social, retroalimentan el quehacer institucional, fortalecen la formación integral de los estudiantes y posicionan a la Universidad como un actor cultural relevante.
Desde 2022, la Universidad Bernardo O’Higgins cuenta con un procedimiento certificado bajo la norma ISO 9001, y patentado en Alemania en el año 2025 en el registro internacional Wipo, para la identificación y análisis de actividades de extensión, con el propósito sistematizar la planificación, registro y análisis de todas las instancias de extensión académica y cultural, asegurando trazabilidad y alineación con el modelo institucional de VCM, además de evidenciar la contribución de cada una de ellas tanto para los y las estudiantes, como para la comunidad.
De esta manera nuestra extensión, se transforma en un dispositivo de relación, aprendizaje y construcción de sentido compartido con el territorio. Como lo plantea Paul Capriotti (2005), las universidades mantienen un “contrato social” que implica un compromiso mutuo con la sociedad: las universidades deben responder a las expectativas de su entorno.
Persistir en una extensión basada en eventos aislados y sin retroalimentación, debilita la evaluación de la dimensión de VCM e instala en las instituciones una falsa sensación de cumplimiento. En un escenario de creciente exigencia en materia de acreditación, la extensión constituye una ventaja de nuestra institución, cuya relevancia estratégica se sustenta en un alineamiento cada vez más profundo, su valor no radica únicamente en la cantidad de actividades realizadas, sino en su capacidad de articularse con el quehacer académico, incrementar el acerbo cultural de nuestros estudiantes y grupos de interés, generar evidencia de contribución y fortalecer el vínculo con la sociedad. Gestionada estratégicamente, la extensión no solo cumple con los estándares de calidad, sino que reafirma el sentido público de la Universidad y su compromiso hacia la sociedad, así como hacia su misión y propósitos institucionales.
